sábado, 15 de septiembre de 2007

Tenerife - dia 3

Hora de levantarse: 4:30 am. Sí, habéis leído bien, las cuatro y media de la mañana, que hoy toca La Gomera.

Primero, autobús hasta El Puerto de los Cristianos. Para los que no somos de mar, ver este montruito con la boca abierta, casi asusta.


El barco con el que cruzamos el charquito parecía un avión. Perfectamente equipado, con bares, tienda, baños, teles... ¡Vaya lujo!


Hasta aquí todo bien. A partir de aquí, peor que una película de miedo. Si Puerto me pareció que iba siempre hacia arriba, La Gomera es una montaña pura y dura. Que tengo vértigo!! Que esto se avisa!

Carretera serpenteante hasta subir la primera montaña sin un triste arbolito que pare la caída si el bus vuelca! Con el corazón en un puño cuando ves que el bus se sale de la carretera!! (Bueno, las ruedas no, que esas siguen su camino, pero el cuerpo del bus sobrevuela la nada!) El puerto cada vez más abajo y nosotros que no acabamos de subir!! Y los quitamiedos de madera...

Vale, que los conductores son unos expertos y se lo conocen al dedillo, que los quitamiedos tienen detrás de la madera unoas vigas bien firmes, que no había ni un coche en los fondos que dijera que allí se despeñara nadie, pero me alegró ver este cartel a la vuelta:

Porque si lo veo cuando estamos subiendo, seguro que me bajo del bus.

Intentar ver en una foto la sensación de grandeza que se experimenta allí, es complicado, aunque un poquito sí que se ve en esta foto.

Nos hicieron una demostración de silbo, y no creais que nos pusieron un pastor en cada montaña. Directamente las camareras jovencitas. Es decir, que las generaciones más jóvenes, ya conocen el silbo.

Claro, eso no lo entiendes hasta que empiezas a ver casitas en lo alto de las montañas, con caminitos de 50 cm serpenteantes por la ladera para llegar a ellas. A ver, si quieres quedar con tu amiga que está allí arriba, y seguro que no llega la cobertura del móvil, ¿vas a subir? Pues no. Le silbas y ya está.

No creais que por eso son unos carcas o están aislados, este cartel lo demuestra:

Fue la excursión que más me gustó de todas. Sí, pasé un miedo terrible, pero lo cierto es que las vistas son espectaculares, la forma de solucionar la orografía impresiona, y saber mezclar costumbres antiguas con conciertos de rock sin perder su esencia, es digno de admiración.


Ah! Estos pececillos nos estaban esperando en la bajada para que les diéramos pan. No solo los seres humanos se adaptan, también los pececillos se han adaptado a los turistas que les echan pan.















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